domingo

ANOXIA


El agua está verde. Es una estupenda sopa de fertilizantes que pone cachondas a las algas. El proceso se llama "eutrofización". En una primera fase se enturbia el agua y la vida del fondo se muere al no poder hacer la fotosíntesis porque no llega la luz. Luego las algas de la superficie, según van muriendo, caen al fondo, las bacterias descomponen esa materia orgánica y se consume el poco oxígeno que queda (agua anóxica) El delicado ecosistema acuático de un río  compuesto por bacterias, microorganismos, algas, larvas de insectos, moluscos y peces se va a la mierda.

Hace mucho tiempo que los agricultores, la agricultura, las autoridades responsables de la cosa perdieron el oremus y vendieron su alma a la industria química de los fertilizantes (pesticidas, semillas, herbicidas…) el compost natural, el humus y todos los trillones de bacterias, lombrices y demás valiosísimos bichitos de dios ya no son importantes para que los tomates sean gordos, las cerezas lustrosas o las mazorcas de maíz gigantes. Además los agricultores echan siempre dosis mayores en la creencia errónea del “cuanto más mejor”. Todo ese fertilizante y pesticida llega hasta las aguas subterráneas o por escorrentía llega al río abonando y "desinsectando" el agua. Pueden hablar con cualquier biólogo que haya estudiado, analizado e investigado la cuestión y les contará maravillas. Envenenamos los ríos y no pasa nada. A nadie importa. No es noticia. Como mucho decimos que es molesto que el agua se ponga verde y huela mal porque no podemos bañarnos.

Todo esto se lo debemos a Fritz Haber, nada menos que Premio Nobel de Química de 1918 por desarrollar la síntesis del amoniaco, un proceso eficaz y barato para hacer fertilizantes de forma industrial, (también explosivos) Pero los agricultores de todo el mundo no le conocen, no hay monumentos en las plazas de los pueblos por haber iniciado una parte de la llamada “revolución mundial verde” y todo porque, a parte de inaugurar la industria del fertilizante, fue el padre de la guerra química con sus investigaciones y trabajos sobre el gas dicloro y otros gases venenosos que se utilizaron durante la Primera Guerra Mundial. Fue condecorado por el Kaiser y hasta le dieron el grado de capitán. Él estaba muy orgulloso de sus inventos que hacía progresar los campos de cultivo y las trincheras. Su mujer Clara Immerwahr, que también era química, se pegó un tiro y también su hijo Hermann, tener un marido o un padre orgulloso de haber inventado esos estropicios no parece tampoco muy saludable. Fritz se defendía argumentando que la muerte era la muerte y tanto daba palmarla respirando gases asfixiantes que por una bala de siete mm o un trozo de metralla de un obús del 77, se nota que él no respiraba sus perfúmenes. Luego, en los años veinte y treinta, los científicos de su laboratorio desarrollaron el gas cianuro Zyklon A para fumigar los almacenes de grano, pero los nazis lo convirtieron tiempo después en el Zyklon B que fue utilizado en Auschwitz-Birkenau y otros campos de exterminio para fumigar a la gente. 

Vuelvo al agua verde, que no es sólo culpa del tío Fritz Haber sino del tipo de agricultura intensiva que derrocha el agua y luego la envenena, ese tipo de agricultura que mantenemos, impulsamos, subvencionamos, enseñamos, consumimos. No sé si saben que nos estamos bebiendo, comiendo, respirando toda esa sopa química toxica bioacumulativa. Pobres ríos, pobres peces, pobres pescadores… y pobres ignorantes, inocentes e ilusos ciudadanos. Otra agricultura es posible hoy. Mañana será tarde.

No hay comentarios:

Publicar un comentario