martes

METAXIA


Sale antes del amanecer, llega en penumbra, camina de memoria por las sendas hasta tocar el agua. Ha dejado atrás el vampiro del móvil. Hace tiempo que ha aprendido que al río sólo hay que llevar ganas, malicia, alegría y si acaso un poco de Platón. El griego lo llamaba “metaxia” un estado de la conciencia intermedio entre la realidad sensible y el fundamento del ser. “Flow”, “estar en gracia”, “sentido kinestésico”, el cuerpo y la mente unidos e igual de preparados para sentir y reaccionar en consecuencia, sin distracción, como si la caña, el sedal y el señuelo también fueran una parte de su brazo. Y si llevas el móvil, incluso apagado, esto es imposible. Por eso has vuelto a la máquina de fotos “tonta”, al cibersilencio.

Por eso hoy has vivido maravillas: dos flamencos jóvenes han estado a punto de posarse a tres metros de ti y en el último segundo han remontado, les has visto los ojos y has sentido el flujo de aire de sus alas ¿en qué estaban pensando? Tal vez ha sido el contraluz del sol saliendo. Luego ha pasado un murciélago revoloteando con torpeza sobre ti, desayunando los mosquitos que atraía tu olor. Más tarde has levantado los gansos tras subir la loma, protestaban como viejas consuegras perezosas, entonces has escuchado la voz ronca y encelada de un ciervo. Y después el sol saliendo. Joder. Ves el sol saliendo tras el monte y entiendes por qué los hombres inventaron a dios y las primeras religiones. Te sorprende que sea gratis, por qué nadie de Silicon Valley no ha patentado aún este espectáculo. Y luego el pez corriendo, sacándote el backing casi entero, quemando el hilo en tus dedos.

A eso de las once te retiras. Dios ya calienta demasiado. Entonces el camino de vuelta, abandonar Platón por Skinner, encender el móvil, conducir hasta a la ciudad, volver al disfraz y al ruido. Pero aún así sonríes, sabes que la maravilla seguirá ahí muchas madrugadas, que es gratis, que es tuya, que es fácil, solo hay que levantarse al alba y apagar los chismes, sólo hay que ejercitar la metaxia en la naturaleza, dejar de ser rata de laboratorio, volver a los griegos.

2 comentarios:

  1. Desde los presocráticos, hasta Kant u otros más contemporáneos, ya sabemos mucho acerca del ser. Lo cierto es que somos esclavos de la tecnología, si bien nos gusta dejar constancia como imágenes o vídeo, de aquello que vivimos. Porque quizás un día el recuerdo se nos borre, por efecto de un declive cognitivo.
    Un saludo

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  2. El enemigo conoce el sistema, pero nosotros podemos volver a los griegos. Muy bonito relato!

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