En esta mañana de abril y soledad el río se
desdobla en meandros, islotes, pequeñas lagunas comunicadas con la corriente
principal por estrechos caminos de agua. El fondo es arenoso y el pescador se
hunde a cada paso. Pescar allí tiene mucho de rececho, de acercamiento
lentísimo y sigiloso porque los bigotudos recelan a muchos metros del abaniqueo
de la caña o de las pisadas que deben de hacer mucho estrépito a pesar de ese
colchón de arena, o quizá por eso.
Poco a poco
los ojos aprenden a mirar y donde no hay nada comienza a ver los contornos de
un pez o el reborde más claro de una boca aspirando algo del fondo o la
sorpresa de una aleta que sale un segundo del agua para volver al desaparecer
al instante. El pescador fabricó ayer varios sanjuanes y algunos saltamontes de floan bien peludos y hoy le toca
mojarlos, caminar a paso garza y mirar bajo el brillo del agua con ojos de
cazador. En medio de la corriente, con los pies muy hundidos en la arena,
respirando el silencio y el sol sobre las jaras, va aprendiendo a lanzar de nuevo la gruesa
línea del siete con suavidad suficiente. Allí no piensa en casi nada ageno al
agua, sólo en la prudencia, astucia y reticencia de los bigotudos que algunas
veces huyen del señuelo, otras se acercan a él con exasperante recelo y las menos toman la lombriz de cheline o el saltamontes de espuma como si fueran la mejor
golosina.
Recuerda
entonces las palabras de Conrad Lorenz sobre los tópicos y las creencias
equivocadas de los hombres sobre los otros animales. Es un párrafo que ha vuelto a
leer con sorpresa en un libro de poemas de Luisa Castro: “La zorra no es más astuta que otras fieras y es mucho más estúpida
que el lobo o el perro. La paloma no es tan pacífica como se pregona. Y,
respecto a los peces, la sabiduría popular sólo divulga mentiras. No son de
«sangre tan fría» como se dice, ni viven tan felices y despreocupados como
haría suponer la expresión «como pez en el agua». (…) Y, contrariamente a la
creencia popular respecto a la falta de ardor de los peces, ningún otro animal
prodiga tanto los besos como algunas de sus especies. Conozco bien a muchas
castas de animales y su comportamiento en las situaciones más íntimas de su
vida me es familiar, en los éxtasis salvajes de la lucha y del amor; pero no
conozco animal alguno –exceptuando los canarios silvestres– que superen en
ardor y temperamento a un macho encelado de espinoso, a un combatiente siamés
o a uno de los cíclidos que cuidan de su prole. Ningún otro animal queda más
transfigurado por el amor, ninguno queda tan encendido por la pasión como un
espinoso o un combatiente”.
Es dificil
comprender el comportamiento de los barbos, imposible meterse en sus diminutos
cerebros regidos por los instintos, las hormonas, los ciclos milenarios del
clima y las estaciones. El pescador se ha pasado veinte largos minutos paseando por delante de
los morros de un gran pez que ociqueaba con fruición el fondo todo su
repertorio de señuelos sin que hiciera el menor caso a ninguno. En cambio luego
ha lanzado el sanjuan más de dos metros delante de otro y el
bigotudo se ha lanzado como un rayo a por él sin dudarlo.
Es verdad que
los poetas se acuerdan bien poco de los peces. Por eso le ha gustado y sorprendido que Luisa
Castro haya recuperado ese texto de Lorenz que defiende la pasión amorosa
de los peces.
El pescador no ha
recorrido más de cien metros de orilla en tres horas y ha logrado tocar a cuatro
hermosos bigotudos que utilizaron la corriente para entablar buena lucha. La
belleza del río, del pez, de la mañana, de todos esos instantes no es más que
una construcción cultural imaginaria, un juego químico y eléctrico en el
cerebro grande de un homo sapiens cualquiera. También las galaxias más remotas
y las palabras de aquí más cercanas. Ahí está la maravilla, que el río fluya
fuera de tí, y también dentro.
Precioso, como siempre. Me ha encantado lo de "caminar a paso garza". Y qué decir del comportamiento azaroso de los barbos que no hayas dicho ya...
ResponderEliminarBueno, eso de pescar a paso de garza se lo he tomado "prestado" a Emilio Roy. La verdad es que me ha costado meterme en esa forma de pescar, pero al final se ha demostrado muy efectiva. No cuento que peleé (tres segundos) con un barbo enorme que me dobló el anzuelo como si fuera de chicle, culpa mía por haber montado el saltamontes en un Varivas Terrestrian... porque el freno no estaba muy fuerte... me quedé con cara de tonto mirando el anzuelo doblado, luego comprobé además que usan para esos anzuelos un acero muy flexible, además de doblable.
EliminarHola compañero, Ramón ¿Cierto?, mi nombre es David. Esta es la primera vez que comento en tu blog a pesar de seguirlo fielmente desde hace tiempo. Y aprovecho por tanto a descubrirme y presentarme.
ResponderEliminarLo cierto es que no sé porqué no he comentado antes, seguramente me haya empujado esta vez el contenido del texto, al sentirme totalmente identificado con las sensaciones de la pesca a mosca del este aún desconocido pez, o quizás no lo haya hecho antes por cierta vergüenza, puesto que por mucho que me haya intentado expresar mediante la palabra, nunca he conseguido, ni de lejos, hacerlo con la profundidad, exactitud y elegancia con que tú lo haces.
Como siempre, una entrada magnífica, con ilustraciones a su altura, que de nuevo me ha llegado a tocar alguna fibra.
¡Un cordial saludo!
Gracias por tus palabras David. Me alegra que seas también amante de los bigotudos y que pienses que he sabido expresar lo que significa su pesca. Yo los tengo un cariño especial. Me apasiona la trucha, pero el barbo no es más fácil, yo diría lo contrario, con la ventaja de que es relativamente fácil luchar y tocar un pez de porte, y hay muchos sitios donde hacerlo. Un saludo. R.
EliminarExcelente relato para una jornada de pesca tras los bigotudos. En su inmensa terquedad, nos hacen disfrutar más y con el instinto de supervivencia, aún más ... y así, hasta llegar al éxtasis del cobro de la pieza. Por ello siempre es un merecido premio que vuelva a sus aguas, para que otro día, otro pescador o uno mismo, experimente de nuevo esa gran sensación.
ResponderEliminarSaludos y enhorabuena.
Gracias Josiño. Por supuesto "Captura y Suelta" siempre, mimando al pez. En este caso para la foto, puesto que iba sólo, tuve que tumbar al amigo sobre la hierba mojada, cubierta de rocío. Y en cuanto volvió a tocar el agua salió rápido hacia las profundidades...
EliminarRamón, entre bromas y serio como estos fenomenales relatos te los lea una autoridad autonómica con exceso de afán regulatorio (espero que yo no fuera así en su día), el año que viene hay tres hojas dedicadas al barbo en las normas de pesca de esa comunidad. Hay gente que no soporta que los demás disfruten tanto.
ResponderEliminarUn saludo
Emilio
Espero que no. Por ahora hay barbos en abundancia, no hay motivo para gestionar y regular "la escasez". Aunque el año pasado vi como devoraban las puestas los alburnos. Quién sabe...
EliminarComo siempre una preciosidad de relato. El que sepa lo que es la pesca de barbos a mosca cuando lea este relato tan fantastico se sentira identificado al 1000x1000. Has plasmado a la perfección lo que es la pesca del barbo a mosca.
ResponderEliminarUn saludo!!
Muchas gracias A. Luis. Aunque supongo que cada pescador vive sus momentos de río a su manera.
ResponderEliminarUn saludo. R.